Cinco claves para educar sin castigos

educar sin castigosEducar sin castigos a tus hijos puede ser muy agotador al principio pero  está comprobado que a largo plazo es la mejor opción para ambas partes. Según algunos expertos, la educación se hace a largo plazo, el castigo sólo funciona en el corto. Además, el castigar aleja a padres e hijos porque siembra el miedo en los menores.

El fin de una buena educación es que los menores se conviertan en personas responsables, autocríticas y autónomas, con sus propios pensamientos. Es decir, pensar por ellos mismos, no seguir como unos borregos a algún adulto. El castigo puede ser eficaz en un momento dado para obedecer, pero lo que interesa es educar, enseñar a pensar y no tanto a obedecer. Con el castigo obedecerán por miedo, no porque entiendan la norma ni porque la interioricen. Castigar no hace a los niños más responsables sino más obedientes por miedo.

Según muestran recientes investigaciones el castigo está desfasado como estrategia educativa. El objetivo es lograr que los niños se habitúen a escuchar a profesores y padres y, para ello, el castigo no es el mejor método. En esa escucha debemos dar los consejos que logren reprimir los malos comportamientos de los menores. La razón de que se piense que castigar ya no es un buen método de enseñanza es porque se ha entendido que el objetivo es educar a largo plazo, no obedecer en un momento concreto. No castigar no quiere decir que los menores hagan lo que quieran, todo lo contrario.Madre regañando a su hija

Para una correcta educación hay que poner unos límites y reglas. Esto dará seguridad a los niños. Así sabrán qué se espera de ellos y qué normas deben cumplir. Tenemos que  evitar sobreprotegerlos y consentirles. Para ello no es necesario castigar. Hay mejores caminos, y más respetuosos, que no lastiman la autoestima del niño ni su relación con el mayor. Es mejor que  nos obedezcan porque ellos mismos razonan con libertad que por el típico “esto es así porque yo lo digo”. El castigo no provoca la corrección del comportamiento que se quiere cambiar ni da una alternativa más adecuada. Por eso la conducta tenderá a repetirse.

Efectos negativos que puede producir el castigo

Utilizar el castigo asiduamente como método de educación llevará a que el niño pierda la confianza hacia los adultos. Así también dañaremos la autoestima del menor, esto le puede llevar a sufrir estrés, tensión y agresividad. Incluso puede incitar el uso de mentiras para evitar el castigo. Por eso, muchos menores se distancian de sus padres. A veces les niegan la palabra generando rabia y necesidad de venganza (no siempre conscientemente). Algunos niños terminan por perder la espontaneidad y la creatividad  convirtiéndose en menores inseguros, temerosos y dependientes del castigador. Esto es debido a que así evitarán tomar decisiones que puedan originar un nuevo castigo.

El día a día es básico para educar a tus hijos sin castigos

Hay que empezar la educación desde muy pequeñitos. Debemos dejar muy claras las reglas y obligaciones. Sería muy bueno utilizar caricias y frases como: ¡Muy bien! ¡Qué bien lo has hecho! Y después de cualquier explicación decirles que les quieres y que lo haces por su bien.Padre dando explicaciones a su hijo

Hay veces que es necesario detener una mala acción y hay lugares, como el colegio, en que hay muchos niños para un profesor. En estos casos sería aceptable el castigo como medida urgente pero nunca como elemento educativo.

Cinco pasos básicos para educar sin castigos

Como hemos dicho antes, educar sin castigos puede ser muy agotador. Será necesario tener paciencia, sentido común y cariño, tres puntos básicos para una educación respetuosa. Estos son los cinco pasos básicos a seguir para educar a tus hijos sin castigarles:

1 Mantener la calma

Este es el paso más importante. Debemos conocer el problema y conseguir calmarnos cuando notemos que el volcán está a punto de estallar. En muchas ocasiones estaremos desbordados, enfadados, llenos de rabia, pero debemos aguantar y no perder el control, como adultos que somos.

2 Escuchar razones

Es más sencillo y rápido pegar o gritar al niño, pero aunque esto parezca una medida eficaz es un método poco educativo. El saber escuchar es uno de los pilares de la comunicación con los hijos. Hay que escuchar al menor. Debemos dejar que de su versión del conflicto.

3 Debatir el problema

Hay que recordar que los mayores somos, muchas veces, el espejo donde se miran los niños. Debemos educar con el ejemplo. Si estallamos cuando el menor hace algo mal, el niño usará ese mismo comportamiento cuando tenga que solucionar sus propios conflictos. Es decir, utilizará la violencia en vez del diálogo. Por eso es básico enseñar a los menores que los problemas se solucionan conversando, exponiendo ambos puntos de vista, siempre desde el respeto.

4 Dar y recibir explicaciones

Cuando hayamos aportado las versiones del conflicto por ambas partes, hay que lograr que los menores entiendan por qué lo que han hecho no está bien. Por ejemplo, explicarle por qué ha hecho daño a otra persona, por qué puede ser peligroso, etc. Eso sí, es aconsejable que si el menor o el adulto están enfadados esperar a que ambas partes estén calmadas. Así se entenderá todo mejor por las dos partes.

5 Llegar a un acuerdo

No siempre los adultos tienen razón. Habrá ocasiones en que los niños nos den grandes lecciones. Cuando llegue ese momento hay que saber reconocerlo. Tenga quien tenga razón, el último paso a seguir es lograr alcanzar un acuerdo entre ambas partes. Como en cualquier otra negociación, habrá veces que tengamos que ceder. Unas veces los menores y otras los adultos. La importancia de llegar a un acuerdo está en qué medida el niño (o los padres si es el caso) se compromete a corregir sus actos en el futuro.Niño a punto de ser golpeado por su padre mientras le regaña

En el siguiente conflicto, el menor tendrá en cuenta todo éste proceso e intentará hacerlo mejor o no repetirlo. Si no es así, deberemos poner en marcha otra vez los cinco pasos hasta que pueda entenderlo.

Esperamos vuestras opiniones, experiencias y comentarios.

 

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