10 comportamientos de padres que dificultan la educación de los hijos

10 comportamientos de padres que dificultan la educación de sus hijosEn este estudio profesores y psicólogos buscan comportamientos de padres que dificultan la educación de los hijos. Es decir, las cosas que hacen mal los padres cuando se implican en la educación de sus hijos.

Los padres o tutores dan mucha importancia a los estudios de sus hijos, por eso intentan implicarse en ellos. Pero los expertos coinciden en que éstos no siempre tienen claro cuál es su papel en el aprendizaje escolar. Por este motivo, en ocasiones realizan acciones que acaban dañando la educación de los hijos.

10 comportamientos de padres que dificultan la educación de los hijos

1. Estudiar con tus hijos puede no ser buena idea. Ser padre y maestro a la vez puede crear conflictos y dependencia.

Cuando llegan los primeros deberes escolares lo que deben hacer los familiares mayores es únicamente proporcionar al menor un espacio adecuado y tiempo suficiente para hacer sus tareas. Sólo, si los niños son muy pequeños, se les puede facilitar la organización del tiempo. Es decir, hay que comprobar que el trabajo esté hecho. No hay que entrar en el contenido porque se trata de que las tareas las hagan los niños, así trabajan su autonomía.

Si el niño tiene alguna duda no hay que darle pistas o herramientas para solucionarla. Esto puede traer problemas. Puede crear conflictos familiares diarios y dependencia, porque los niños se acostumbran a que haya alguien encima de ellos para trabajar. Si el niño tiene dificultades, o necesita refuerzo, debemos buscar una ayuda externa.

2. No hay que resolverle todo. Solucionar sus fallos dificultará su maduración.

Si los padres le solucionan todo a los menores “con tal de que estudien”, éstos no madurarán. Es decir, no asumirán sus responsabilidades ni aprenderán a ser autónomos. Los niños deben de aprender a organizarse y a resolver sus problemas, sea cual sea su edad. Por ejemplo, no hay que mandar a nadie corriendo a comprar tinta de impresora a última hora porque al día siguiente éste tenga que entregar un trabajo. Tampoco hay que llevarle al colegio el libro o el bocadillo olvidados.

3. No hay que centrar toda la vida del menor en el estudio. Esto podría dañar la relación familiar.

Según muchos profesores una frase muy repetida por los estudiantes es “a mis padres sólo les interesa si estudio, lo demás no les importa nada”. Cuando lo primero que le preguntas a tu hijo en la puerta del cole es qué deberes tienes o qué nota te han puesto en vez de cómo te ha ido el día, por ejemplo, les muestras que te interesa más el aprendizaje que la persona.

Esto también sucede cuando al hijo universitario se le libera de tareas domésticas porque “su trabajo es estudiar”. Esto es un error. El estudiante tiene que aprender a organizarse, pero sin dejar de hacer sus obligaciones.Padre ayudando a su hijo con la tarea

4. No se les debe exigir demasiado. Sobreestimular constantemente puede causar el efecto contrario.

Los padres no deberían considerar los malos resultados como un fracaso porque ello reduce la autoestima de los hijos e incapacita cada vez más a unos y otros.

Algo muy habitual es sobreestimular a los hijos. Todos quieren un genio en casa. Para conseguirlo, desde pequeños les llenan la cuna de artilugios, abusan de juegos didácticos, se afanan porque aprendan muchas cosas y cuanto antes mejor. Todo esto no solo no influye en una evolución cognitiva más rápida, sino que a menudo tiene efectos contraproducentes. Por ejemplo, produce problemas de atención o de falta de concentración.

Según los psicólogos, esa impaciencia provoca que los padres se desesperen ante las primeras dificultades en los estudios o vivan como un fracaso los primeros malos resultados. No tienen en cuenta que la educación es un proceso a largo plazo. Los que los niños necesitan para aprender es paciencia y ánimo.

5. Premiar las notas puede ser algo contraproducente. El estímulo material desvirtúa y puede aumentar la frustración.

Si es necesario un estímulo material para que el niño estudie, algo no funciona. Según los expertos el mejor estímulo es descubrir cosas nuevas y desarrollar sus intereses. Las notas no hay que premiarlas ni castigarlas. Simplemente hay que elogiarlas y aplaudirlas. O analizar si es necesario dedicar más tiempo a estudiar.

Según los expertos los premios pueden causar una doble frustración, porque con frecuencia se ofrecen por notas poco realistas. Entonces, si el niño suspende a pesar de la recompensa su sensación de fracaso será doble, ya que no alcanzará su meta escolar y se quedará sin regalo.

6. No se debe tapar la vagancia. Buscar escusas a los fracasos escolares retrasará su madurez.

Según los profesores, algo muy habitual en los padres es inventar trastornos neurológicos para justificar los fracasos escolares de sus hijos. Hay niños que no se esfuerzan en estudiar porque son vagos. Eso es inmadurez y falta de autonomía, no un trastorno mental.

Padres regañando a su hijo

Esta actitud tiene que ver con la actitud hiperprotectora de muchos padres, que buscan la etiqueta del trastorno para el bajo rendimiento de sus hijos. Así, en el momento en que se disfraza algo como trastorno se desculpabiliza a todo el mundo.

 

7. Los padres no deben parecer policías. Un control estricto de sus deberes puede causar desconfianza.

Hay padres que hacen de detectives con los deberes de sus hijos. Indagan por la mochila, en las redes sociales o preguntando a los padres de otros niños. Estos hechos abren una enorme grieta  de desconfianza entre padres e hijos y no resuelve nada.

En vez de ejercer este control absoluto se debería hacer un acompañamiento a distancia. Es decir, revisar conjuntamente con el niño las tareas pero dejándole que sea autónomo para realizarlas.

Para los padres que eligen preguntar la lección a sus hijos, para saber si van preparados a un examen, se recomienda ponerle preguntas por escrito, porque normalmente no hay exámenes orales y de nada sirve que el niño se sepa la lección hablando si luego se expresa mal por escrito o comete muchas faltas de ortografía.

8. Hay que tener cuidado de no usar las tareas escolares como un castigo.

Los expertos creen que el tiempo dedicado a estudiar debería ser siempre un tiempo de tranquilidad, no de regañinas. Por eso, frases tan típicas como “castigado a hacer los deberes” o “hasta que no acabes de leer no hay dibujos”, no son muy afortunadas.

Los padres deben transmitir a los niños el placer de la lectura o de aprender. Esto no se logra si se plantean las tareas escolares como un castigo o como un peaje necesario para poder disfrutar de actividades placenteras, como salir con los amigos o ver la televisión.

Según vayan creciendo, deben entender la relación entre esfuerzo, dedicación y resultados. Deben aprender que si han de estudiar más porque han tenido malas notas se trata de una inversión, no de un castigo.

9. Hay que intentar no proyectarse en los hijos ya que las expectativas no siempre se adecúan a las capacidades de éstos.

Los especialistas opinan que en muchas ocasiones pesan más las expectativas que tienen los padres sobre los estudios de los hijos que las preferencias o capacidades de estos. Muchos niños son orientados a estudiar lo que les gusta a sus padres.

Además, los psicólogos opinan que en España confundimos inteligencia con título. Creen que seguimos desprestigiando la formación profesional y no valoramos la creatividad como un medio para vivir.

10. Hay que respetar la línea escolar de estudios del cole. El modelo con el que los padres estudiaron no garantiza el éxito hoy en día.

Muchos padres creen que el método educativo con el que ellos estudiaron también es válido para sus hijos. Pero la escuela ha cambiado mucho y los niños también. Lo que se aprendía entonces o cómo se aprendía no tiene por qué ser un modelo válido para los niños de hoy.

Por todo esto se considera un error que los padres traten de enseñar a los hijos a leer o a calcular por su cuenta o les pongan actividades de refuerzo en casa, sin considerar que quizá están interfiriendo en el ritmo o el método pedagógico que sigue la escuela.

Además, los profesores son especialmente críticos con los padres que muestran constantemente su desacuerdo con los educadores en presencia de los niños. Éstos aprovechan esa situación para manipular a unos y a otros.

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